La portabilidad permite cambiar de compañía sin cambiar de número, tanto en móviles como en fijos. La Ley General de Telecomunicaciones reconoce ese derecho y establece que, una vez acordado el cambio, el número debe quedar activo en el nuevo operador en el plazo de un día hábil. El trámite se pide al operador nuevo, llamado receptor, que dirige todo el proceso, y no tiene coste para el usuario. La ley prohíbe cambiar a nadie de compañía sin su consentimiento explícito y, si el cambio falla, el operador anterior debe reactivar la línea hasta que se complete.
Para quien intenta identificar una llamada, la consecuencia práctica es que el número ya no revela el operador. Un móvil que empezó en una compañía puede haber pasado por varias, y lo mismo ocurre con los fijos dentro de su provincia. La CNMC ofrece en su web una consulta gratuita que indica el operador actual de un número fijo o móvil, con un límite diario de consultas. Saber el operador sirve, por ejemplo, para orientar una reclamación por llamadas comerciales, pero no identifica a la persona titular, cuyos datos el operador no comunica a particulares.
La portabilidad también aparece en algunos fraudes. Hay llamadas en las que alguien se presenta como su propia compañía, le anuncia una subida de precio o una mejora y, con los datos que usted confirma, tramita un cambio de operador que no había pedido. Por otro lado, un duplicado de SIM o una portabilidad conseguidos con datos robados permiten a un delincuente recibir sus SMS de verificación. Si su móvil se queda de repente sin servicio o recibe un aviso de cambio que no reconoce, llame a su compañía desde otro teléfono y avise a su banco. Antes de aceptar una oferta telefónica, compruebe el número en cislo.info.